Un sistema político sólo será más estable institucionalmente cuando más gobernable sea la democracia que haya desarrollado. En este sentido, hay que darle importancia a la relación existente entre gobernabilidad y estabilidad en una nación, utilizando un análisis sistémico de las interacciones que se dan en el sistema en su totalidad.
Los elementos que conforman el rostro de la gobernabilidad pueden variar según las características históricas y la naturaleza de interacciones propias de los elementos de cada estado. En este sentido, Manuel Antonio Garretón plantea que el tema de la gobernabilidad se debe hacer desde esta perspectiva, “No hay una formula de gobernabilidad igual para todas las sociedades”.
La estabilidad viene dada por todos los elementos que conforman el sistema de una sociedad, siendo importante tener en cuenta las interacciones internas, que se dan entre las instituciones. Estas se deben dar en forma efectiva, posibilitando que las instituciones tengan un control desde el punto de vista operacional con relación a todos los actores que están en la dinámica democrática.
En los elementos del sistema – actores- existen algunos que por sus características de rol en la sociedad, pueden tener en ciertos momentos más peso al efectuar una determinada interacción con otras unidades; esto provocaría una estabilidad en el sistema o un mal funcionamiento de este.
En cada situación histórica de una sociedad, la gobernabilidad será diferente, pues los actores que funcionan no son iguales en su rol y status. Los actores ( elementos o unidades) – el gobierno, sociedad civil, partidos políticos, trasnacionales, organismos internacionales- tendrán cualidades propias de interacción, produciendo efectos distintos que pueden influir en la gobernabilidad.
La gobernabilidad podría ser enfocada como la forma efectiva en que las instituciones desempeñan un papel al producirse estímulos por las interacciones que causan estabilidad entre las unidades; con la meta de evitar la desestabilización que puede llevar a algún tipo de anarquía en el sistema político o en algún sistema relacionado como por ejemplo lo económico.
Una gobernabilidad efectiva
La gobernabilidad efectiva quiere decir que en el sistema político no hay ingobernabilidad, pero tampoco que se da una gobernabilidad ficticia o forzada. Es por eso que el termómetro del sistema tiene que estar atento al presentarse algún grado inestabilidad que puede influir en el funcionamiento de los procesos de interacción entre los actores políticos.
Medir que el sistema político, económico, social e internacional esté funcionando con capacidad de respuesta aceptable entre dichos actores, es de suma importancia. Al darse exigencias naturales de cada uno de los integrantes y que las respuestas son las adecuadas o tienden a saciar los niveles de presión que se van imponiendo.
La gobernabilidad ficticia o forzada viene a darse en aquellos sistemas políticos que entran en una dinámica de mal funcionamiento, reflejado en determinadas crisis. Esta gobernabilidad radica en que existe un gobierno con instituciones que pueden dar ciertas respuestas a estímulos del sistema político, pero de una forma muy lenta sin saciar las exigencias de los actores y además con altos grados de violencia político y social. El gobierno se convierta en un polo sin peso en el sistema. Existe una gobernabilidad, pero no estabilidad.
Por otro lado, el rol histórico de, por mencionar alguno, los ciudadanos, las fuerzas armadas, grupos armados u organizaciones internacionales, habría que observarlo como polos de influencia a la estabilidad y a la gobernabilidad en el sistema político, en circunstancias determinadas del progreso de alguna sociedad. Traducido en el fortalecimiento de la sociedad civil y la evolución de la cultura política.
Hay que tener en cuenta que la gobernabilidad tiende a ir conectada al desarrollo económico de una nación y que al producirse alguna crisis en este ámbito, tiende a ejercer algún tipo influencia negativa en el sistema político. Especialmente cuando una sociedad tiende a girar sobre una dinámica más economicista que política. Como expone Tomassini, que hace depender la gobernabilidad de la orientación económica que se maneje, presentado este aspecto con un alto nivel de importancia.
El Salvador, la gobernabilidad forzada (1982-1992):
El Salvador es una nación en la cual todo el sistema político se fracturó en la década de los ochenta, dando como resultado un funcionamiento disfuncional por parte de los actores y con una capacidad de respuesta a las interacciones lentas o negativas, que no llevó a cubrir las exigencias de ciertos actores con buen grado de peso en el sistema.
Aunque habían sido electos dos gobiernos democráticamente y algunas instituciones funcionaban en el sistema en una forma aceptable, la dinámica estaba polarizada por los sectores duros de la derecha afectada por las reformas sociales y económicas; y por el otro lado, la izquierda revolucionaria agrupada en el FDR-FMLN que luchaba para tomar el poder y modificar el sistema con la formula Sandinista.
La naturaleza de las interacciones que se dieron en ese período se caracterizó por la violencia político-ideológica, con sus dos formas de expresión: la guerra armada abierta y la guerra sucia.
Estas dos dinámicas de violencia fueron manejadas por ambos sectores. Por medio de escuadrones de la muerte de origen ultraderechista y comandos urbanos de izquierda en la guerra sucia y las Fuerzas Armadas y el FMLN, en la guerra armada abierta. Estos grupos formaron los polos de desestabilización en El Salvador.
En medio, buscando la gobernabilidad, surgió el Partido Demócrata Cristino, el ejercito y Estados Unidos, quienes buscaron crear un polo en el sistema, que frenara la dinámica de violencia y evitará una ruptura total en el sistema. La gobernabilidad existente fue forzada por los Estados Unidos por medio de una alianza entre el Partido Demócrata Cristiano y los militares de tendencias menos reaccionarias con respecto a la plataforma de reformas iniciadas, que buscaban cortar las banderas de lucha de la guerrilla salvadoreña como era la injusta distribución de la tierra por mencionar una; pero no así, la despolitización de los militares que habían gobernado desde la década de los treinta hasta el año 1979, y que por el enfrentamiento armado habían logrado tener cuotas de poder en el proceso de democratización.
Así se dio una cierta estabilidad democrática; aunque tomando los comentarios de Manuel Alcántara sobre que para asegurar la gobernabilidad el gobierno debe simultáneamente mantener la legitimidad y promover el desarrollo socioeconómico. En el caso de los los gobiernos de Álvaro Magaña(i), José Napoleón Duarte (PDC) y Alfredo Cristiani B. (ARENA) existía legitimación por el proceso democrático, pero el progreso social y económico, especialmente durante el período de la guerra fue negativo.
El sistema institucional impuesto en la década de los ochenta y principios de los noventa no fue capaz de resolver por medio de respuestas acertadas los diversos conflictos que la guerra civil, como dinámica central de interacción, provocaba. La inestabilidad era el principal producto del conflicto armado.
Además la dinámica histórica de la región había creado un proceso de inestabilidad en toda Centroamérica. El mismo sistema regional era la expresión de un gobernabilidad forzada y con democracias con un gran peso de los militares internamente.
Fue necesario el llamado empate en la guerra civil entre el ejercito salvadoreño y la guerrilla; y las presiones internacionales para buscar normalizar el sistema político salvadoreño. Un proceso de desgaste del factor militar lo terminó convirtiendo en una estrategia de negociación entre el gobierno de Alfredo Cristiani y el FMLN.
Es ahora, después de la finalización de la guerra armada en El Salvador, que se puede decir que la gobernabilidad tiene un funcionamiento más aceptable. En un país donde los militares fueron alejados del poder político y la guerrilla forma parte del sistema político, convirtiéndose en la primera fuerza política electoral. La interacción actual en este sistema permite que los actores que con anterioridad lo desestabilizaban, tengan una función de interacciones que legitime la democracia y las instituciones surgidas de los Acuerdos de Paz de Chapultepec como son la Policía Nacional Civil y la Procuraduría de los Derechos Humanos, los logros más visibles del acuerdo.
La gobernabilidad forzada evolucionó junto a los cambios políticos internacionales y con una actitud donde se adoptó que la vía democrática pacífica era el primer elemento que había que normalizar para tener un gobernabilidad equilibrada y funcional. Pero eso sí, fue necesario doce años de guerra, 70,000 muertos, miles de desplazados y millones de dólares en pérdidas económicas.
Todavía la gobernabilidad en El Salvador y en Centroamérica está aprueba por la creciente violencia que surge del crimen organizado, la corrupción y la perdida de confianza en la clase política por parte de la ciudadanía. Con el triunfo de la izquierda en El Salvador, habrá que ver como reacciona el sistema a una nueva dinámica de interacción y si esto puede afectar la gobernabilidad bajo el gobierno del FMLN en este casi año de la administración Funes, en donde se han visto fuertes matices de interacciones negativas que pueden debilitar los elementos del sistema político salvadoreño.
En síntesis, la estabilidad tiene relación con el mejor funcionamiento de una democracia y con la gobernabilidad, donde la violencia interna de tipo político-ideológico no influya en las dinámicas entre los actores del sistema político.