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miércoles, 19 de enero de 2011

Haití, el Estado fallido de América



Si hay en América Latina lo que se llama un “estado fallido”, Haití representa esta terminología. Una país que en su historia se ha destacado por calamidades en lo político, social, económico y como atenuantes desastres naturales: la esclavitud de casi la totalidad de sus habitantes en el siglo XVIII, las dictaduras del caudillismo en el siglo XIX, la tiranía sangrienta del nepotismo familiar en XX y un caos político e institucional en el XXI. Sobre este entorno, una pobreza estructural, que vino a agravarse más, con un terremoto de 7 grados (Richter) hace un año.
Haití, en el siglo XVIII, fue la colonia más floreciente del colonialismo francés por el cultivo del azúcar y el tráfico de esclavos.  El primero de América Latina en lograr su independencia en 1804, paralelamente en su lucha contra la esclavitud. Todas estas situaciones en el marco de las guerras napoleónicas.  De esta forma se convertiría en la primera república negra del mundo.
Haití pudo haber seguido con su prosperidad como nación independiente.  En 1822, se invade lo que ahora es República Dominicana, esto conformo una élite de caudillos, quienes soñaron es ser los napoleones, perfilando así unas ansias de poder y beneficios particulares al punto de autodenominarse emperadores. Haití entra en una decadencia en medio de luchas de estos caudillos y por el predominio de mulatos sobre la mayoría de origen africano negro.
Los Duvalier
La tiranía familiar de los Duvalier en el siglo XX, quienes pusieron fin a un largo periodo de inestabilidad con la mano dura que solamente por medio de una dictadura se puede ejercer, vino a darle su período más oscuro.  Francois Duvalier, "Papa Doc", gobernó con todos los métodos permitidos por el terror político hasta su deceso en 1971.  El uso de escuadrones paramilitares, los mal llamados “Tonton Macoute”, solamente a este grupo de terrorismo de estado se la calcula el asesinato y desaparecimiento de 150.000 personas, entre civiles y opositores.
Su hijo Jean Claude Duvalier, de 19 años, "Baby Doc”, le sucedió a su muerte y continúo con el estilo de gobierno tiránico con el apoyo de los “Tonton Macoute”, hasta 1986 cuando un levantamiento popular lo derrocó y obligó a exiliarse en Francia donde todavía vive en la impunidad.
Jean-Bertrand Aristide
Dictaduras militares se sobrevinieron en los 80 y los 90 hasta Jean-Bertrand Aristide, un sacerdote católico, venció en las elecciones en 1990. Aunque en septiembre de 1991, es derrocado, refugiándose en Estados Unidos. La OEA y a la ONU impusieron fuertes sanciones contra el nuevo régimen del general Cédras. El bloqueo económico a partir de 1993 y la presión de los Estados Unidos, bajo la administración de Bill Clinton, provocó la caída de la junta militar de Cédras, marcando el ejemplo del patio trasero periférico y la influencia de Estados Unidos en esa zona del Caribe.
Aristide fue restablecido en sus funciones en octubre de 1994 hasta 1995. Los gobiernos de Aristide, quien vuelve a la presidencia en 2001, se caracterizaron por el carácter populista y el uso de la violencia para atemorizar a sus oponentes, reproduciendo la forma de conducción de las dinastías los Duvalier, termina también exiliado en Sudáfrica, dejando al país en una anarquía social, institucional y política.
El Consejo de Seguridad establece una misión de estabilización, MINUSTAH, formada por  Estados Unidos , Francia , Canadá , Chile  y Brasil, para buscar estabilizar el país, el cual estaba completamente caótico. En su presencia se elige a René Preval en 2005, siendo el único en terminar su mandato constitucional, pero en una nación fallida.
Haití y la gobernabilidad fallida
Haití es la nación más pobre de América, posee una renta per cápita de solamente 1.300 dólares el año.
Transparencia Internacional menciona a Haití como el más corrupto del mundo. La debilidad institucional ha provocado que el narcotráfico encuentre un terreno fértil para sembrar y cosechar gracias a las condiciones de pobreza, hacinamiento y falta de oportunidades de la mayoría de la población. Las fuerzas del orden tienen un control casi nulo frente a la violencia de las pandillas, nacidas de los seguidores de Aristide “los chimerés”. La MINUSTAH no puede frenar esta oleada de violencia estructural la cual viene a crecer con el terremoto del 2010, ellos en teoría deben retirarse en 2011, sin haber logrado nada.
El 60 por ciento de los casi nueve millones de habitantes están desempleados, y solamente el 3,4 por ciento posee una esperanza de superar los 64 años.
La mayoría de la población, no vive, sobrevive con menos de dos dólares diarios, la tasa de alfabetismo no pasa el 45 por ciento. Pese a la exportación de café, azúcar, mango y bananas, la distribución de la riqueza queda en pocas manos.
Un estado con esta debilidad no tiene la capacidad de modernizar su infraestructura social o económica.
Los desastres naturales normales en todo el mundo, en una nación fallida, terminan de despojarla de cualquier mínimo adelanto, y provoca un trauma continúo en su base social.  El huracán 'Gordon' en 1994, ’Georges’, en 1996, dejando en la calle a más de 168.000 haitianos.  1.330 muertos y 1.056 desaparecidos por la tormenta tropical “Jeanne” es la parte humana, y la repercusión de estos sucesos viene a dejar a Haití más propensa a sufrir daños en todo sus sistema nacional. Solamente el terremoto mató estimando a 217.000 personas, sin saber que nuevas consecuencias traerá en otros ámbitos.
Ser un “Estado Fallido” como Haití es por una corrupción generalizada, con una población sin ninguna posibilidad de acceder a los más básicos recursos de vida para un ser humano, y con la atenuante de no poder tener la capacidad de enfrentar desastres naturales, no permite la gobernabilidad. La solución es un protectorado, un país sin capacidad de autogobernarse y sin capacidad institucional, debe ser administrado por la ONU permanentemente, no por aquellos que sembraron la semilla en este caso Francia, lugar de asilo de “Baby Doc”, un pago a la indecencia de un déspota; ni por misiones de buenas intenciones. En un país con esta radiografía, no hay milagros que esperar, solamente soluciones drásticas, en pos de una visión realista de la política. Haití no tiene ninguna posibilidad, la única forma que se destaca es por sus tragedias nada más.
 

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