Páginas, http://pinkasinfronteras.blogspot.com/2010/10/los-minutos-no-bastan.html

jueves, 7 de octubre de 2010

Un Espíritu Infeliz

Desde hace días que tenía esa sensación en el pecho. No era un pequeño dolor, sino como que me apretaban con dureza. Como cuando usan un pinzón para marcar las vacas en los ranchos ganaderos. Una sensación muy extraña. Después me di cuenta que había algo fuera de orden. No sé si era la televisión apagada o la computadora, que tenían colores brillantes.

Fue extraño ver la habitación, siempre la mantenía en desorden, pues mi filosofía era que el desorden de uno, se debe respetar, nadie debe meter manos en nuestras propias realidades privadas. Pero, esta vez, todo tenía un orden extremo, que me asustaba e irritaba de la forma más radical.
No quise tocar nada al final. Creo que debió venir María y ordenar la habitación, ella tenía llave y bueno en una relación de pareja hay que ceder un poco. Evitar los conflictos, suficiente es tener que caminar al trabajo bajo el calor sofocante de estos días.
Al salir del apartamento, note que , extrañamente, no había muchos coches en la calle, y pero sí personas, niños pequeños, mujeres con diversos peinados, hombre con abrigos largos, hasta ese momento el frió me comía los huesos.
Toda era una realidad en blanco y negro. No puede ser me, dije. Sabía que los perros observaban de esa forma, o los caballos, bueno no importa nunca quise mucho a los animales para indagar en su fisiología, mas allá de cortar un buen pollo o pato con el cuchillo afilado de María.
Al mirar al cielo, vi que las nubes se movían muy rápido, de una forma de escapar y las únicas aves eran esos feos y nidos de pulgas de los canarios de cabeza de coronilla. Malditas aves siempre de despertaban con sus cantos, que no sé la razón que por lo hacían a las tres de la mañana.
En ese momento se me acerca un individuo bajo y gordo. Ah, sí odiaba a este estilo de sujetos, como que se han metido esteroides y han hecho un par de meses pesas y quedan como cuadrados, pero siempre son gordos. No sé la razón de sentir esa antipatía capaz por verlo con una intolerancia basada como un pecado capital. Se me acercó y me comenzó a hablar, yo no comprendí de buenas a primeras, hasta después de sacarme algo que tenía metido el oído.
Bienvenido, me expresó con una mueca de sonrisa. Yo me quedé como extrañado. Sí, repitió, bienvenido a tu nueva vida. No estas es la vida que vivías, ahora eres parte de otro plano de existencia. No lo recuerdas.
En ese momento, mi cabeza dio vuelta, y vomite sobre el piso de cristal, que diablos pasa aquí. Me di cuenta de algo, y en mi mente explotó. En la noche había dejado la llave del gas abierto, ya no recuerdo bien la acción y al final no importaba. No recordada el año ni el día, siempre me dijeron que fui un infeliz, María me lo decía cuando regresaba borracho y agresivo. Ella salió y yo deje la llave del gas abierta.
No se preocupe, amigo, tocándome la espalda. Siempre pasa esto cuando se viene del más allá. Ahora solamente debe vivir su vida, en su misma casa y conseguir un trabajo necesariamente. Aunque por la forma en que vino, debe pagar una penitencia.
No perderé el tiempo narrando mi penitencia que consistía esencialmente en ser otro, en no ser lo que era en el mas allá. Si lo hice una vez, no me amargaría la vida viviendo en blanco y negro.
No era un punto final, era un punto seguido, pero debía jalar de la pita nuevamente, debía ser el castigo por pensar que lograba un punto final, y ya había probado el dulce sabor de volver a nacer dos veces, la segunda es la vencida, escribí en un papel higiénico y me lance al río. Ahora no puedo sentir nada, porque ni esa palabra existe ya.


No hay comentarios:

Publicar un comentario