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jueves, 7 de octubre de 2010

EL EXCESO DE LAS PROMESAS ELECTORALES.

En muchos casos, el problema puede tener varios enfoques, pero el que se puede considerar como un punto de partida es el asesoramiento fundado en la relación de usar el “marketing político” en las campañas, con el paralelismo al “marketing comercial”, sin diferenciar de una forma real que existe una contradicción clave entre en un candidato y sus promesas, y un producto como una gaseosa o perfume por ejemplo. 




Por Zarko Pinkas.*


Unos de los fenómenos que terminan afectando seriamente los sistemas democráticos, son el exceso de promesas electorales. La cantidad de propuestas que un candidato o partido político realiza en un período electoral siempre será, en estos tiempos, un arma de dos filos. Un electorado con mayor capacidad de análisis, más educados, y con acceso a diversas fuentes de información se han convertido en fuertes críticos, cuando los ofrecimientos no son cumplidos al llegar a cualquier puesto de poder público por parte de los diversos políticos que compiten en el sistema electoral.

En muchos casos, el problema puede tener varios enfoques, pero el que se puede considerar como un punto de partida es el asesoramiento fundado en la relación de usar el “marketing político” en las campañas, con el paralelismo al “marketing comercial”, sin diferenciar de una forma real que existe una contradicción clave entre en un candidato y sus promesas, y un producto como una gaseosa o perfume por ejemplo. 

El uso de las mismas consideraciones al momento de emplear las estrategias como son el concepto de posicionamiento o la propuesta única de venta, es una grave complicación, ya que esto termina siendo un dificultad al momento de reflejarse en un candidato humano que su posicionamiento no viene dado por la imagen simplemente y el cual no se compra para usarse como un producto, sino como un político, quien deberá demostrar en la realidad de sus actos lo prometido ante el cuerpo electoral quien ha depositado su confianza en él. 

Sin duda, muchas herramientas del “marketing político” son necesarias en crear una mejor forma de comunicación política hacia el electorado, el uso del testeo, o diferenciación entre grupos de electores por su edad, estrato social, demografía y otras herramientas de esta disciplina, sirven para trasmitir de una forma más clara las ideas, pero esto queda completamente como una farsa, si esas promesas son dadas simplemente por considerar que esos temas harán ganar puntos en las encuestas a cualquier candidato. La función del “marketing político” debe ir conectada con la capacidad competitiva real de la parte humana y función social, sumada a conocimiento de los problemas existentes,  los cuales oprimen a un país, dando la prioridad a situaciones, que son cambiantes a cada momento en la evolución social, económica, política y cultural.

Las promesas electorales excesivas han sido los grandes terremotos que han afectado los sistemas de partidos políticos en Latinoamérica, debido a que muchas sociedades se han cansado de escuchar grandes exageraciones como soluciones, para terminar en arreglos cosméticos. El político profesional debe saber diferenciar entre las promesas electorales de tipo real, enfocadas en soluciones a situaciones reales como puede ser un mal transporte público o el fenómeno de la corrupción institucional; y promesas que buscan modificar la mentalidad de una población, sabiendo que cada idea trasmitida debe tener en cuenta las características sociales de cada segmento de la sociedad, con sus propios dificultades particulares. 


En este proceso se dan las grandes desilusiones y el punto de partida para el surgimiento de personajes aprovechados que terminan, por un lado, introduciéndose en los partidos con la falsa idea que renovará la imagen de estas instituciones; y, también, otros con discursos populistas o de resentimiento sin fundamento, sacando provecho de las contingencias de crisis con un fuerte discurso dañino a los sistemas democráticos.

¿Cuál es el reto de los políticos y los partidos? Por un lado una renovación constante, una búsqueda de trabajo con sus bases usando la cercanía real, tomar una conciencia de prometer lo que se puede cumplir, no lo que se quiere cumplir, ya que en esto existe una gran diferencia, en querer y poder. La misma sociedad en esta nueva realidad política regional, será juez y jurado, y a la hora del ejercer el voto, verdugo de las colectividades políticas que exageraron sus ofrecimientos y no las cumplieron.

Publicado para Política Stereo de El Salvador.

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