En la oscuridad absoluta de esta habitación con ventanas sin vidrio, sólo la lluvia crea ecos en la noche. Todavía tengo fe en el caos para pensar que los ruidos tras las paredes son parte de mi imaginación o de alguna rata que escudriña en busca de abrigo.
Me conozco bien, y mi oído es agudo, nunca me equivoco y los traidores se mueven tras esas sucias paredes. Ah, vengan los espero, tengo en mi boca el credo de la venganza de los caídos.
Sé que nada puede ser más atroz que la oscuridad. Ella acompaña las tormentas que llevan días sobre estas ciudades y pueblos. Me levanto y coloco el oído sobre la pared para tratar de saber de dónde viene ese espantoso murmullo, mis sentidos son como radares aprendí eso de tanto ver a los delfines.
Ayer lo sentí también, sin embargo, ahora está más cerca; como si alguien o algo estuviera apunto de invadir esta alquilada privacidad. No sé que pensar, no sé dónde correr, capaz golpear el muro, y enfrentar ese demonio, aunque el miedo se apodera de mí, tomo un poco de valentía y me armo de valor para hacer la lucha a lo que viene escarbando lentamente pero seguro. Sé que no son fantasmas, pero sí demonios.
Miro ese reloj de plástico colgado en ella. Sus manecillas marcan la seis de la mañana y aún las tinieblas gobiernan el exterior. Continúa el sonido cada vez más cerca de mí, cada vez más vivo en mi mente, cada momento más real.
Un andrajoso vaticinio de los vientos del paganismo. ¡Ven! Le grito para mis adentros. Sé tú mismo, firma tus asquerosos y mediocres pensamientos los cuales has dejado sobre los árboles del pasado. Te espero decidido a romper con la fuerza de mi alma, tus intenciones tortuosas y vulgares. Tú, lleno de ignorancia hablas en nombre de Medusa, sobre los círculos de los traidores, donde los devora su propia ambición.
Jamás me rendiré a tu ruido amenazador. Aquí, en mí, está el fuego de mi Dios para quemar todos tus propósitos. No detendrás mi valentía. Ella crece a cada momento junto al áspero sonido que tras la pared busca romper el cemento. Lo escucho tan cerca, su respiración casi invade el cuarto y ,en este momento, el fuego de Dios ilumina todo el espacio. Un Dios con los estandartes de paz, pero de orden.
Rompe el sonido como las murallas de Jericó. No temo pues estamos juntos, ahora serás mi guía. Su espada y escudo son mi protección sobre el mal de los pensamientos de la soledad, que presionan los ladrillos. Y yo , en su presencia, prefiero combatir para detener esas maldiciones que caen sobre generaciones. Las cadenas de angustia e ira que llenan la habitación se destruyen. Ahora no tengo miedo. El temor es para los huérfanos del creador.
Caen los muros como en el 1989 cuando la libertad de muchos, reventó los lazos de la cortinas de hierro. Se vienen abajo como los viejos dictadores de uniformes anticuados. Suenan, las trompetas y los violines aceleran el ritmo. “Libre” en medio de la esclavitud de los ejes de la historia.
Junto al alba, la luz entra pomposa por las ventanas. La soledad escapa. En mí, crece la convicción de la palabra siempre viva. Muere esa patética ignorancia, fundamento de los peores comentarios sobre ella misma.
No son dogmas, son las realidades del alma. Una oración dictada desde el sosiego y la humildad. Porque en el sacrificio hay victoria eterna. Porque en el sacrificio hay libertad eterna. Gracias a ti por eso.
http://www.lapagina.com.sv/editoriales/35378/Libre-en-el-Caos
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