El conflicto puede ser suscitado tanto por metas en pugna ( en tal caso un actor trata de imponer su objetivo a otro ) como por intereses convergentes ( como cuando los actores se disputan la posesión de un bien escaso). En otras palabras, el conflicto surge de valoraciones tanto diferentes como similares de los participantes en la relación social, ya sea respecto a los fines o a los medios.
Todo puede llegar a ser objeto de conflicto. Esto implica que el conflicto puede eclosionar en cualquier relación social. Si todo puede ser objeto de discordia, y si ésta puede surgir en cualquier tipo de relación social, es porque la conflictividad es inherente, consustancial, a toda sociedad. Entonces, la conflictividad no constituye un fenómeno anormal o patológico que se podría eliminar definitivamente de las relaciones sociales; por el contrario, es normal que en la sociedad existan conflictos y en todas las sociedades históricas los ha habido.
Dada la diversidad de entidades que pueden suscitar discordia, como asimismo de los motivos o causas que pueden desatar un conflicto, resulta imposible reducir las discrepancias a un tipo único de conflicto.
En otras palabras, es altamente improbable que los conflictos se puedan reducir a una explicación única tanto por la variedad de entidades (cosas disputadas) como por la heterogeneidad causal en buena parte se debe a que los objetos y los motivos que llevan a los actores a entrar en conflicto son virtualmente infinitos.
Esto explica básicamente por dos razones. Primera, tanto por el devenir cultural como por la historicidad de la existencia humana. Segunda, por la diversidad de aficiones de los individuos tanto en el tiempo como en el espacio. Por otro lado, la heterogeneidad de entidades que suscitan conflictos induce a concluir que tanto la manera como los medios empleados para resolverlos son también múltiples.
No es de esperar que una sociedad mantenga constantes líneas conflictivas, ya que en la diversidad humana existe una tendencia genética a la confrontación, sumada por la mismos ciclos históricos, el ejemplo del conflicto árabe-israelí, nos puede dar una radiografía donde por motivos religiosos, territoriales y políticos internos, junto a las relaciones internacionales por ser herederos de la guerra fría, ambos bandos se encuentran en un conflicto que no solamente es en el ámbito militar, sino en la memoria histórica de ambos pueblos. Esto se va reproduciendo constantemente, sería caer en una visión extremadamente simplista culpar a los bandos con nombres y apellidos por los actos que el mismo tejido social combina en una mezcla explosiva. La conflictividad tendrá que llegar un nivel de enfrentamiento como ha sucedido desde la fundación del Estado de Israel, y por la misma negativa desde un principio de los países de la región a aceptar al estado sionista.
No es querer justificar acciones violatorias a los derechos humanos, pero si hay que ver que estas violaciones vienen de ambos lados, comprendiéndolo desde la perspectiva del conflicto nos ayuda a vislumbrar que la paz, puede llegar por medio del enfrentamiento directo o indirecto, es este caso en especial. Ya que una guerra, de cualquier tipo, no existen ganadores, solamente perdedores en la población civil. Ahora percibir ésto de una forma más analítica es de estar insertado en este proceso del conflicto, sin caer en dogmas pasados de moda y darse cuenta que el terrorismo es un bomba la cual puede estallar en cualquier lugar. Lo que sucede en el Medio Oriente, nos demuestra que el poder del odio, puede contaminar y extenderse por medio de mentiras en una guerra donde la propaganda también facilita la reproducción de la conflictividad.
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