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jueves, 7 de octubre de 2010

Palomas en llamas, vuelen...

Palomas en llamas, vuelen...


La locura de un enamorado presionado.

Puedo dar el alma por ti en estos segundos. Tus ojos entran en mí, y llenan con sus fuentes líquidas todo lo malo que abarcan, mucho entre estas horas incomodas. No puedo detener mi obsesión ante tu reloj amargado. Más allá de la resurrección, tu ojo diáfano, mira con rabia temporal.
-- “No debes odiar sin verdadera razón”, me decía el epitafio.

Tendremos la ilógica ternura entre mucho licor, y los placeres aceptados serán el postre. Entre las ventanas sucias, vemos como las luces de la calle se mezclan con la lluvia fuerte. Qué más queremos al estar unidos en medio de la anarquía.

-- “No busques más debajo de las piedras y entre conversaciones huecas y detenidas, la cura para el desamor”, recordaba el epitafio.

Alucinemos un cielo de cine, donde la proyección, en primer plano, te hereda a ti. No importa el enfoque, existes siempre tan feroz, que te amo rechinando los dientes. Sacrifiquemos el mañana por un día y no detengamos la oportunidad de un beso gótico. Ayer moría de ganas de cortar todo lo que tuvimos entre nuestros cuerpos desnudos.

Ahora no pienso más que en ti. Rompiste la razón, y la emoción estafó el control. Pero tú no crees en el amor ilógico. Piensas que en los entornos usuales encontrarás al delfín con olor a oro. Uno más de los corderos del rebaño preparado para sentir, pero mirar hacia adentro. Mi mente cae sobre el plato de sopa, y no sabe nadar. Ganas de partir me violentan y la ira puede ser parte del amor. ¿Dónde existe una puerta de escape entre tantas ventanas?

No puedo dispararme por los miradores, estoy amarrado a tu belleza extraña. Tu rostro divide el espacio y al oxígeno en dos, respiro tu aliento, ¡suerte perra! Pinchazos sobre mí sin respeto, y dispuestos a lapidar. Corren los autos por las calles vacías y estoy amarrado a ti. Enfureciéndome por tu belleza de salón, tu rostro auténticamente perfecto y tus palabras vacías, las cuales me pueblan gratamente, pero ya me amargan la esencia. Pero, de pronto, me entra la hiena por las extrañas. Tomo el vaso y lo quiebro en medio de la nausea de mi mente. Nada puede ser igual, la locura dura un lapso insignificante, suficiente para doblegar la emoción. Sólo quiero salir de acá, arrancar como un fanfarrón. Olvidar tu belleza tatuada.

Jugar puede ser peligroso, ponte el cinturón, pues el viaje comienza y no pararemos hasta que diez toneladas sean nuestra meta en la travesura. Es mi culpa, nunca la tuya. Te lo juro ante este billete nuevo. Siempre queda una forma de salarse con tonterías. Solamente con tu faz sin alma, recordé las palabras pintadas en los epitafios de los locos enamorados.

“Siempre duda de quien te dice amor de buenas a primera”, se río el epitafio.

Fui ciego, pudiendo ver, fui sordo pudiendo escuchar, fui mudo pudiendo hablar, fui al final lo que tú querías, y por eso te odio con todo el amor del mundo. ¡Ay! De aquellos quienes no usan la razón, las emociones terminan condenando, pero esta vez, no será venganza, simplemente justicia, pues no importa donde se junte el amor eterno jurado para la eternidad, este terminará, al contrario de la fantasía, en el dura realidad. Ahora si seremos uno, y no volveré a escuchar tu monólogo sobre el plato de sopa servido en la pared. Vuelen almas por entre los vidrios rotos, hay que escapar antes que se destrocen nuestras bocas con un beso sin nombre. Palomas blancas en llamas, vuelen…

Publicado en www.lapagina.com.sv

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