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viernes, 8 de octubre de 2010

Una Mujer Digna.

por Zarko Pinkas

Estaciona el auto a la orilla de la calle, dijo Ramón. Llueve, le respondió apurada Amanda, sin mucha intención de tomar la orden como una obligación. Llueve, le repitió. Detente. Debo ir a la iglesia a confesarme. Tengo días de querer pedir perdón por las blasfemias y necesito que alguien me ayude.

-Ramón, el siquiatra te tiene bajo tratamiento y no creo conveniente que enredes más tus pensamientos entre lo racional y espiritual.

-¡Qué va! Detiene el maldito auto. No comprendes que necesito ir a una iglesia, mis pecados están ahogándome por dentro, y necesito sentirme amado por algo, no sé, algo.

-Tanto escándalo por un fracaso matrimonial, en estos tiempos todos

tendemos a terminar un idilio con la rapidez del día, te lo certificó. Me aburres.

-Sabes, no es eso lo que me agobia tanto, me tiene acelerado no poder hablar con alguien sobre eso. - ¿Y yo qué soy? Una piedra. Te escucho, de mala gana, pero lo hago, y no creo que debamos parar y bajarnos en esta lluvia. No quiero mojar mis zapatos.

-¿Tus zapatos? Déjame bajar antes que deba bajar de una forma más brusca.

¿Me amenazas? Madura. Es mucho tiempo el que llevas llorando como un infante. Lo más cómico es que ella debe estar ahora feliz, no pensará en ti y probablemente mantenga a otro tipo metido en su cama.

-Calla. Jamás lo haría. Es una bendita. Es una mujer digna. Es, es… cómo saberlo ahora si ese loquero, amigo tuyo, me tiene saturado de pastillas para sentirme mejor. No puedo recapacitar sin distinguir entre la realidad y la ficción.

Y lo peor que lo logran, pero muy dentro de mí, al escarbar en las emociones relajadas y manejadas por los fármacos, siento una terribles ganas de hablar con un sacerdote.

- Me recuerdas a ese perturbado de la película “El Francotirador”. Sí ese, donde De Niro se vuela el pelo como un Mohicano y se transforma en un vengador de la urbe.

-La película es Taxi Driver, Amanda.

- Cómo se llame, pero estas igual de maniático.

-¿Ya no tienes sueños, cierto? Mirando hacia la calle que se anegaba de agua.

-No. Los sueños y esperanzas pasaron de moda el año pasado. Sólo actúo realidades planificadas y la tuya se convierte en un mal chiste nada gracioso; tus ojos grises me comunican una debilidad ya no permitida y, además, gozo de muchas noches de no soñar nada. Oye, una borrachera o el siquiátrico puede ser tu solución. Te rebajas como un animal que piensa con los instintos. Patético. El amor puede ser un mal consejero en estos días. Tal vez estás condenado a la soledad y, qué sé yo, sólo soy una adicta.

Construye una pared. Armarla con ladrillos fuertes. Clava los cimientos. Compra una computadora, libros, televisión grande, toma unos calmantes, y te encierras para siempre, esperando el Apocalipsis. Verás hasta el cariño puede desaparecer con el tiempo. Después solo será un mal chiste y morirás de risa con suerte. Te soy sincera: nada estará igual nuevamente, nada. Perdiste tu amada opción, así de estricto, Ramón. Algunos perdimos la opción de amar, si es que existe esa realidad paralela. Y no llores manchas los asientos del automóvil.

-Déjame en el bar “Banana Republic”. Me apreciaré confortablemente anestesiado en dos horas más. No importa que tanto balbuceas las cosas tienen que cambiar para mí, no soy él de siempre. Solamente necesito un poco de ambiente que me saque de esta realidad, tirar este veneno por algún lado.

- Mujeres así van y vienen, Ramón. Cuando tengas la billetera llena de plata todo cambiará, pero es tu vida y tu muerte. La elección esta bajo de cualquier botella o en el cadalso donde serás juez, jurado y verdugo. Ve bien el menú en el bar. ¡Buen provecho!

http://www.lapagina.com.sv/editoriales/32586/2010/05/21/Una-mujer-digna

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