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jueves, 7 de octubre de 2010

LOS NARCOS ESTADOS

El caso de Colombia donde grupos armados han sido pagados o financiados por los capos de la droga fue y es evidente. Desde el periodo de Pablo Escobar a finales de a principios de los ochenta y el apogeo de los “Carteles” en especial el de Medellín, muestra el poder que los narcos-dólares pueden lograr en una sociedad con grandes niveles de desigualdad social y económica. Colombia es todavía un país influenciado por la pestilencia de narcotráfico y no pueden poner un freno a este flagelo el cual violenta, al final de cuentas, los derechos humanos de los ciudadanos y ciudadanas de una nación. 


Por Zarko Pinkas

Habría que ser miope, y muy ciego para no pensar el gran problema que ya tiene el país con el fenómeno del narcotráfico en estos momentos. Para aquellos que todavía no reconocen la gravedad del asunto y los efectos sociales, políticos y económicos, es posiblemente pues  nadan en las redes sociales, pensando en coronarse con algún puesto público de parte de aquellos que deberían estar tomando el tema con la seriedad debida, y no con un simple discurso político para levantar pasiones ideológicas. 

El fenómeno del narcotráfico no es nuevo en América Latina y menos en el mundo. Fue un negocio desde muchos siglos atrás; pero ahora sus niveles de violencia han llevado a la región a provocar procesos de inestabilidad y pérdida de gobernabilidad. 

El caso de Colombia donde grupos armados han sido pagados o financiados por los capos de la droga fue y es evidente. Desde el periodo de Pablo Escobar a finales de a principios de los ochenta y el apogeo de los “Carteles” en especial el de Medellín, muestra el poder que los narcos-dólares pueden lograr en una sociedad con grandes niveles de desigualdad social y económica. Colombia es todavía un país influenciado por la pestilencia de narcotráfico y no pueden poner un freno a este flagelo el cual violenta, al final de cuentas, los derechos humanos de los ciudadanos y ciudadanas de una nación. 

El caso de México ha cruzado ya la frontera. No haré una reseña de las atrocidades de los grupos que apoyan con asesinatos y masacres a estos grupos delincuenciales, pues sería seguir el juego de promover el miedo, una de las metas psicológicas de estos actos. El punto acá viene a ser la forma en la cual se ha ido contaminando todas las estructuras de poder por la adicción al poder del dinero, mezclado con la falta de oportunidades para muchos mexicanos, quienes por dinero u obligados pasan a ser parte de las estructuras violentas de los carteles de dicho país. México, por su historia política, y una característica ligada a niveles de corrupción alto, fue fácilmente contaminado por este fenómeno. No solamente los policías o funcionarios medios, están comprometidos, existe una red que sin duda cubre muchas áreas de los sectores del poder de aquel país. 

Un ejemplo son las capturas de funcionarios relacionados a los organismos que deben luchar contra el narcotráfico, comprados por los carteles. Ahí radican unos de los problemas más complejos de esta guerra, la capacidad de la compra de favores y la facilidad con que algunos pueden aceptar las dádivas. 

Por otro lado, las malas políticas de control del consumo en Estados Unidos donde va la mayoría del producto de los carteles, el efecto de oferta y la demanda son claros. Si no existiera un nivel de adicción y búsqueda de drogas como reina en el país del norte, no hubiera un desarrollo de la bien llamada industria de la muerte en los países considerados “productores”, “de paso” y” distribuidores” donde la meta final es la misma sociedad diversa de Estados Unidos. Allá debe haber pasos duros en la lucha contra el consumo y las mismas mafias que actúan en las diferentes grandes ciudades. 

Ahora los rumores de la existencia de conexiones y la entrada al país de narco-dólares, pues no creo que sean rumores, es una realidad la cual se puede observar en cualquier lugar simplemente al ver el caso de “los perrones” personajes, quienes vivían un estilo de vida, que cualquier grupo de inteligencia policial hubiera detectado solo con una pequeña investigación de transacciones de compra y venta de artículos suntuosos. No hay peor ciego, que él que no quiere ver, y esperar que el país se convierta en un Narco Estado, será un grave problema, donde los argumentos de extremas no servirán de mucho, ya que este fenómeno no es un juego ni razón de chiste. Puede llevar a un país a niveles que provoquen un círculo descendiente en la gobernabilidad donde dar la vuelta en “U” puede salir muy caro para los ciudadanos honrados y respetuosos de las leyes, pero para quienes viven de la vida de la corrupción y no existe límites para la avaricia, es simplemente un negocio riesgoso. 

Publicado en Política Stereo de El Salvador. 

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